Cocinas
Iluminación de cocina: general, de tarea y de ambiente

En la cocina se corta, se lee una receta y, en plantas abiertas, se cena. Un único downlight en el centro proyecta la sombra del cuerpo sobre la tabla. La luz de cocina es el caso más claro de las tres capas: general para transitar, tarea en la encimera y en la isla, ambiente para cuando la placa ya está apagada.
El plano de luz se dibuja con el alzado de muebles. Los altos tapan. La campana tapa. El extractor no es la luminaria principal. Las tomas y los transformadores de tiras se dejan en el replanteo eléctrico, no con un cable visto el día del montaje.
Tarea en la encimera
La luz bajo mueble alto, continua, con perfil y difusor, baña el plano de trabajo. IRC alto para ver el punto de la carne y el color del aceite. 3000 K suele ser un compromiso entre nitidez y convivencia con el estar. Evite tiras desnudas. Evite focos que se miran a los ojos al fregar.
En islas, una o dos luminarias suspendidas a altura que no golpee la cabeza ni corte la vista al salón. Si se cocina en la isla, la suspensión no basta: hace falta luz de superficie. El layout decide si la isla es de fuego o de copas.

General y nevera
Unas luminarias de techo difusas o una cornisa evitan el efecto quirófano. El interior de armarios altos y de la despensa agradece un contacto al abrir. El fregadero, si está en ventana, cambia de necesidad de día y de noche: de noche hace falta tarea propia, no la lámpara del techo del estar.
Regule. La escena de cena en cocina abierta no es la de picar cebolla. Dos circuitos valen más que una campana con tres colores de LED de ferretería.
Si al cortar se hace sombra a sí mismo, falta luz de tarea, no una bombilla más potente en el techo.
Errores
Focos en cuadrícula que no coinciden con la mesa. Tira RGB. Luz solo en la campana. Olvidar el rincón de café. Un 4000 K frío en una cocina que es también salón. No dejar interruptor a dos manos sucias cerca de la zona de fuego.
Pruebe con lámparas temporales antes de taladrar la piedra. La cocina bien iluminada se nota porque se trabaja en silencio visual: no se busca el hueco de la tabla. Eso es proyecto, no un pack de focos.
Circuitos, suciedad y recambio
Separe al menos: techo general, tarea de encimera, y, si hay, suspensión de mesa. La campana, independiente. Un único interruptor que lo enciende todo condena a la escena de quirófano a las diez de la noche. Coloque un punto de mando cerca de la zona de fuego y otro en el paso hacia el estar, en plantas abiertas.
La grasa llega a las luminarias. Perfiles cerrados se limpian mejor que tiras vistas. Evite tejidos junto a la placa. El IRC alto no es un capricho de fotógrafo: es ver si el pescado está hecho.
Los módulos LED se recambian o se cambia el perfil entero, según el sistema. Pregunte. Un integrado barato obliga a sustituir la barra completa. Anote el modelo en el dossier junto al resto de la casa.
Pruebe a cortar una cebolla a las siete de la tarde, con el día muerto. Si necesita el móvil para ver el tablón, el proyecto de luz no está cerrado. La cocina se ilumina para las manos. El ambiente se suma después, para quedarse a hablar.
Isla, barra y el estar de al lado
Las suspensiones sobre la isla no deben clavar la vista a quien está en el sofá. Altura, apantallamiento y dimmer. Una barra de desayuno con taburetes pide luz en la cara sin deslumbrar al de enfrente: una lineal difusa suele ganar a tres focos puntuales. En plantas abiertas, la escena “después de fregar” baja la tarea y deja un punto suave. Ese gesto hace que la cocina no grite al salón a las once. Prográmalo en interruptores, no en buenas intenciones. Un piloto tenue hacia el fregadero evita encender todo por un vaso de agua. Es hospitalidad hacia quien vive ahí, no un extra de hotel.
El interior de cajones no necesita LED de feria. El de la despensa alta, sí: un contacto al abrir evita buscar de noche con la puerta abierta calentando el pasillo. En campanas, apague la luz integrada si deslumbra y use la de encimera. No sume dos temperaturas distintas sobre la misma tabla. Un 2700 K en suspensión y un 4000 K en tira hacen el alimento extraño. Unifique. La cocina se ve más cara —y se usa mejor— con una sola temperatura bien elegida que con un arcoíris de catálogo.
Coloque un interruptor que no obligue a cruzar con las manos mojadas por la zona de paso del estar. En planta abierta, ese detalle evita rastros y enfados. Es diseño de gesto, no de lámpara.
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